bajo la lluvia
Jorge Lucas

Jorge Lucas

psicólogo • formador • divulgador
autor y responsable de Lucaspsi Psicología

Empoderándote bajo la lluvia

En este artículo vamos a tratar el tema de actuar, de seguir con nuestro día a día con ilusión a pesar de no encontrarnos en nuestro mejor momento. Me baso en la teoría de las terapias contextuales como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT por sus siglas en inglés).

Todo va bien en nuestros días soleados

Como lo dirían Sternberg y Glück (2021) en su libro sobre introducción a la sabiduría, la verdadera sabiduría se demuestra cuando hacemos frente a la adversidad o cuando no todas nuestras cartas juegan a nuestro favor.

Por esa razón es muy fácil sentirse sabio y sereno cuando estamos leyendo un libro en nuestra casa mientras disfrutamos del aire acondicionado, pero cuando discutimos con alguien o cuando ponen a prueba nuestros límites es cuando realmente tenemos que ser serenos y tener la suficiente sangre fría para no caer en la fácil escalada de conflictos o de conductas agresivas (véase Spielberger, Krasner y Solomon, 1988); ni tampoco caer en conductas evasivas (comer de forma compulsiva, tomarse un par de vodkas o fumarse tres porros) para satisfacernos en el corto plazo.

Es decir, al igual que los bomberos o los GEO deben demostrar que saben trabajar, respectivamente, en pleno incendio de una fábrica de pirotecnia o en un secuestro con rehenes y bajo amenaza de bomba, debemos demostrar —no necesariamente siendo valientes en todo momento— que somos coherentes con lo que pensamos, sentimos y hacemos. Para ello no es que haya un protocolo ya establecido, sino que todos podemos desarrollar ciertos rasgos actitudinales que nos permitan sacar nuestro mejor paraguas en nuestros días de lluvia. Michael Jordan era capaz de brillar a pesar de la agresiva defensa de los Detroit Pistons de finales de los ochenta y principios de los noventa (las Jordan Rules).

Profesionales o aficionados

¿Sabes cuál es la diferencia entre un deportista profesional y un deportista amateur? Pues que el primero entrena aunque nieve, truene o no se vea con fuerzas; y el segundo lo hace cuando se siente motivado o cuando le apetece. Habrás deducido cuál de los dos tiene más resultados y sostenibles en el tiempo, ¿verdad?

Pues con nuestros objetivos vitales sucede prácticamente lo mismo. Sentirnos realizados o satisfechos con nuestra actuación cotidiana, lo que a la larga nos acercará a nuestro yo ideal (Higgins, 1987), en consonancia con nuestros valores, no puede ser algo que dejemos para cuando «nos sintamos motivados o inspirados» tras ver una charla TED.

Tampoco digo que rindas igual los días en que tengas un fuerte dolor de cabeza o cuando la noche anterior apenas hayas dormido, pero sí que en lugar de no hacer nada de lo que tenías previsto, puedes llevar a cabo al menos un cincuenta o sesenta por ciento de tus tareas planificadas o dar algunos pasos que te acercan a tus metas. Tenemos que aceptar que en esos días el rendimiento no sería igual que en nuestros mejores momentos, aunque sí que podemos rendir algo, al fin y al cabo.

Por tanto, no dependas de que alguien «te autorice» (o te obligue) para cumplir con tus obligaciones y rutinas ni esperes la llegada de ese gran momento de inspiración. Por ejemplo, los escritores suelen tener el hábito de escribir un determinado número de palabras al día, así la inspiración los pilla trabajando (parafraseando la famosa cita de Picasso).

Pero trabajar es obligatorio, lo demás puede esperar

En efecto, eso se aplica a la gran mayoría de la población, que no vivimos del cuento: tenemos que trabajar, nos apetezca o no. Lo asumimos como algo obligatorio, ya que si no, ¿quién va a pagar las facturas, la comida, la gasolina o ese viaje que queremos hacer a Lisboa en verano?

Se trata de una obligación externa (no siempre elegida) que nos obliga a comprometernos con ella (aunque en realidad tampoco sería algo realmente «obligatorio» si aplicáramos la herramienta «¿Qué pasaría si no ____?», pero eso lo veremos en otro artículo).

Pero si eso lo tenemos tan claro, ¿por qué faltamos o postergamos constantemente los compromisos con nosotros mismos? ¿Acaso no es importante nuestra salud, nuestro tiempo de ocio y de recargar pilas, prevenir el estrés, la depresión o el hecho de alcanzar nuestros sueños? Pues esos compromisos también debemos tomarlos en serio, aunque nada nos coarte a corto plazo para hacerlo (por ejemplo, hasta que nuestro cuerpo nos da un «susto» bajo forma de infarto o de prediabetes).

Para tener esa disciplina (palabra que odia mucha gente, pero que creo que no se puede «edulcorar»), no es necesario autoflagelarnos ni torturarnos para cumplir con nuestras metas, sino de crear el hábito de ir poco a poco, pero de forma progresiva.

Por ejemplo, en lugar de caminar 10 000 pasos diarios de la noche a la mañana, mejor comenzar con dar 6000 y a la semana, 7000, etc. O en lugar de eliminar todos los carbohidratos de tu dieta de golpe, procura aumentar la cantidad de fibra (con ensaladas [sin salsa césar, por favor], frutas, frutos secos) y reduce un poco las cantidades de comida de cada plato o deja de repetir plato para comenzar.

Por tanto, la mejor zanahoria que nos pueda motivar cuando no nos apetezca hacer algo, es tener siempre presente el objetivo final de lo que hacemos. Nuestro para qué.

 

Algunas herramientas

A continuación te voy a dar una pequeña lista de recursos y herramientas que puedes usar en caso de momentos de bajón (para trucos para aliviar la resaca te recomiendo buscar en Google):

  1. La aplicación para aumentar la productividad y bloquear el teléfono Forest.
  2. Google Calendar, para recibir notificaciones de tus tareas planificadas o citas importantes.
  3. My Effectivenes es una de mis aplicaciones favoritas para organizar mis metas y actividades en funciones de mis diferentes roles con base en los Cuatro cuadrantes de Covey para gestionar el tiempo.
  4. Leer el libro de Stephen Covey Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva.
  5. Comenzar con «hacer los deberes antes de ir a tu recreo particular». Para ello simplemente plantéate realizar esa tarea que quieres postergar al menos durante cinco minutos. Es como meterse poco a poco en una piscina de agua fría antes de ponerte a nadar.
  6. Facilítate las cosas, ya sea teniendo tu escritorio bien ordenado y con todo lo que necesitas para trabajar en tu ordenador o preparando tu bolsa de deporte la noche antes y dejarla justo al lado de tus zapatillas para que el esfuerzo para ir al gym sea mínimo.

Nada más por ahora. Ya tienes con qué empezar para realizar lo que necesites para no dejar atrás tu proyecto vital. Como ves, no hace falta vivir del cuento ni ser Tony Robbins para realizar las acciones propuestas. Ni siquiera forzar nuestra fuerza de voluntad. Se trata tan solo de crear hábitos de forma progresiva.

Referencias bibliográficas

  • Higgins, E. T. (1987). Self-discrepancy: A theory relating self and affect. Psychological Review, 94(3), 319.
  • Spielberger, C. D., Krasner, S. S. y Solomon, E. P. (1988). The Experience, Expression, and Control of Anger. In: Janisse, M. P. (eds) Individual Differences, Stress, and Health Psychology. Contributions to Psychology and Medicine. Springer, New York, NY. https://doi.org/10.1007/978-1-4612-3824-9_5
  • Sternberg, R. J. y Glück, J. (Eds.) (2021). Wisdom: The psychology of wise thoughts, words, and deeds. Cambridge University Press.
  • Imagen. Unsplash.

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